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Todos necesitamos estar en condición para satisfacer con éxito las exigencias físicas presentes y potenciales de la vida diaria. Esta buena condición implica un buen estado físico que nos haga aptos, capaces, consistentes y competentes para desempeñarnos adecuadamente en cualquier tarea cotidiana, no solamente para hacer ejercicio.

En el extremo superior están quienes pueden realizar las tareas cotidianas con dedicación y atención, con energía sobrada para disfrutar de las actividades recreativas y hacer frente a emergencias imprevistas. En el extremo inferior se encuentran los que tienen una capacidad disminuida para satisfacer incluso las menores exigencias físicas y que pueden ser completamente dependientes de otras personas para sobrevivir.

Una persona con buena condición física es una persona sana. Esto significa que tiene un perfil aceptable respecto a su:

Composición corporal.
Capacidad aeróbica.
Fuerza muscular.
Resistencia muscular.
Flexibilidad.

En muchos casos se puede tener un nivel adecuado de condición física en uno de los componentes e inadecuado en otros. Nuestra meta es lograr niveles aceptables para cada uno de los cinco componentes.

Afortunadamente, los componentes de la condición física, los cuales determinan nuestro buen desempeño cotidiano, son modificables y pueden mejorarse con una actividad física regular y con una buena alimentación. La adopción y práctica de hábitos saludables es el único camino permanente.